Una Magnifica Humanidad entre el lenguaje del algoritmo y el olvido de los ríos de la lengua.
« Añoramos un lenguaje más primitivo que el nuestro. Los antepasados hablan de una época en la que las palabras se extendían con la serenidad de la llanura. Era posible seguir el rumbo y vagar durante horas sin perder el sentido, porque el lenguaje no se bifurcaba y se expandía y se ramificaba, hasta convertirse en este río donde están todos los cauces y donde nadie puede vivir, porque nadie tiene patria. La memoria está vacía, porque uno olvida siempre la lengua en la que ha fijado los recuerdos .» Esta confesión de Berenson, el viejo disperso de los cuentos de Ricardo Piglia, condensa tal vez una de las nostalgias que puede ser considerada entre las más peligrosas de nuestros siglos: la añoranza de un lenguaje puro, no contaminado por la dispersión de la historia, donde las palabras tenían el peso de la tierra y la memoria no se extraviaba en los meandros del sentido. Berenson añora una patria lingüística que seguramente nunca existió, un origen mítico donde la comunicación era tran...