Los vicios del jubilado. No más AFP
A la muerte no le tengo tanto miedo. He estado al borde de la misma en varias ocasiones. Un casi atropello, tres golpizas en masa, un par de accidentes automovilísticos, un balazo del fusil de la suegra perforándome el pulmón, un paracaídas roto y una turbina mala camino de Madrid, me han llevado a sonreírle a la parca y despedirme de las hipotecas con una sonrisa resignada. No es que no le tema, tal vez siento una gélida curiosidad por descubrir qué vendrá después, que me ocasiona ciertas ansiedades muy naturales. A lo que sí le temo es a la vejez y la enfermedad. Si me diagnosticaran una enfermedad mortal, lo primero que le preguntaría al médico sería las probabilidades del tratamiento. Cualquier respuesta inferior a un 50/50 me hace renunciar al tratamiento y comprar boletos para un viaje final por el mundo y entregarme en una lucha cuerpo a cuerpo a un tigre en la tierra de los ancestros. No quiero morir en un hospital, perdiendo la dignidad, la fortuna y endeudand...