Taller literario parte 3. Recuerdos de fútbol.
La última sesión ha sido la mejor por lejos. Al menos desde mi perspectiva. Pese a haber tenido un día enormemente espeso y llegar con mi disfraz de abogado a la sesión, lo suficientemente cansado como para haber desistido por ese día de mi tarea, recordé que esto es parte de mi entrenamiento, del oficio de escritor que me propongo. Debía asumirlo con la misma tenacidad que las historietas me enseñaron en viñetas de Dennys O'Neill, a un Bruce Wayne en el Himalaya aprendiendo los secretos de la inmortal Liga de las Sombras. No podía incurrir nuevamente en mi más viejo y recurrente hábito, ese con el que mi padre solía recriminarme los domingos del Señor: "solo proyectos, siempre dejando todo a medio hacer". Me armé de paciencia y de suficiente cafeína en una cafetería cercana al Monte Sacramental donde el maestro, al son de campanadas episcopales, imparte sabiduría en lienzos descritos, y me sumé al grupo que ya contaba con una nueva baja. La primera fue la de un tipo al ...