Fiestas Patrias, los patriotas de Punta peuco y la cueca de la Presidenta.
Septiembre debe ser el mes en que más sufren mis oídos. Es un mes hermoso, el clima mejora, las personas que nacen en este mes, son maravillosas, generalmente amigos entrañables y amores infinitos. Los pajaritos cantan, sopla el viento sobre el mar, puedes arrojarte descalzo en la arena, caminar a recibir el viento con los brazos extendidos mientras el océano pacífico te besa los pies rugiendo de alegría, y los chicos corren por los prados tratando de encumbrar sus volantines. Sin embargo, existe un “pero”, ese algo que logra estropear un mes que debiera ser perfecto. Es ese sonido del tikitikiti, los silbidos irregulares y agudos, el zapateo sin asunto, el pandero y el sonido uniforme y repetitivo hasta el cansancio del denominado baile nacional, la cueca, que me torna aun más misántropo de lo que ya soy, y me siento como el Agente Smith enclaustrado en la matrix, desesperado interrogando a Morpheus. Detesto la cueca, lo siento, pero es así. La encuentro grotesca, tosca, pretenciosa y...