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La deserción sudamericana: del grito de las cacerolas al circo mediático

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La historia de la Sudamérica del siglo XXI es, fundamentalmente, la crónica de una deserción. Hubo una época, no tan lejana, en la que el continente parecía un polvorín donde la soberanía se recuperaba a fuerza de gritos y cacerolazos estruendosos. En 2001, Argentina —ese país que puede jactarse de haber parido a Borges, Maradona, Maldacena y a un Papa, que canta su épica futbolística cada domingo a voz en cuello en los estadios, que hizo de su rock señero una marca y una avanzada, y que desde San Martín supo lo que era liberar a un continente— hizo lo esperable: expulsó a De la Rúa, que debió huir en helicóptero tras una revuelta que dejó 39 cadáveres y un grito unánime: «¡ Que se vayan todos! ». Fue el eco de una tradición enquistada en los pueblos del sur: la Guerra del Gas en Bolivia, el derrocamiento de Mahuad en Ecuador, la revuelta chilena de 2019 contra la desigualdad estructural de la cuna del neoliberalismo. Eran estallidos de una modernidad que aún creía en la política como ...

El pozo y la niebla: Funes el memorioso, el silencio y la edición del pasado.

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El pozo y la niebla: memoria, silencio y la edición del pasado Hay una quietud en Chile que no es paz. Es el silencio que siguió a un golpe, el aire que se espesó para siempre cuando una puerta fue cerrada con mucha precaución y sin ruido. El 11 de septiembre, esa fecha que durante medio siglo funcionó como la herida abierta de la nación, pasó este año oficialmente desapercibida. No hubo discurso, no hubo ofrenda floral, no hubo un minuto de silencio que al menos reconociera que algo había ocurrido en la larga noche de nuestra historia reciente. Solo la niebla, esa niebla que, como en los relatos de Haruki Murakami, se instala en los suburbios y hace que los objetos pierdan sus contornos, que las calles se vuelvan laberintos, que la gente camine sin saber hacia dónde, porque sabe que seguirá en el mismo punto de partida, si es que no retrocede. Así está Chile: una ciudad cubierta de niebla, donde los transeúntes evitan mirarse a los ojos, donde los nombres de los desaparecidos y los to...

Una Magnifica Humanidad entre el lenguaje del algoritmo y el olvido de los ríos de la lengua.

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« Añoramos un lenguaje más primitivo que el nuestro. Los antepasados hablan de una época en la que las palabras se extendían con la serenidad de la llanura. Era posible seguir el rumbo y vagar durante horas sin perder el sentido, porque el lenguaje no se bifurcaba y se expandía y se ramificaba, hasta convertirse en este río donde están todos los cauces y donde nadie puede vivir, porque nadie tiene patria. La memoria está vacía, porque uno olvida siempre la lengua en la que ha fijado los recuerdos .» Esta confesión de Berenson, el viejo disperso de los cuentos de Ricardo Piglia, condensa tal vez una de las nostalgias que puede ser considerada entre las más peligrosas de nuestros siglos: la añoranza de un lenguaje puro, no contaminado por la dispersión de la historia, donde las palabras tenían el peso de la tierra y la memoria no se extraviaba en los meandros del sentido. Berenson añora una patria lingüística que seguramente nunca existió, un origen mítico donde la comunicación era tran...

Enjoy lo votado, desclasados.

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Hay una frase que circula por las redes como un cuchillo de cocina: «disfrute lo votado». Es la respuesta perfecta, el gesto de un poder que ya no necesita disimular su desprecio. Pero lo que parece una burla es, en realidad, una confesión. Porque ningún pueblo vota contra sus propios intereses sin haber sido empujado a ello. Y el empujón, en este caso pluricausal, creo, requiere un análisis también de uno de esos factores: la izquierda progresista, esa clase media ilustrada que confundió la redención del proletariado con la gestión de culpas propias y ajenas. Durante décadas, la izquierda sudamericana fue el refugio de los que no tenían voz. Eduardo Galeano, por ejemplo, era una voz que extremó su postura al punto de plantear algo que hoy sacaría aplausos desde la derecha judeocristiana y ronchas en el feminismo de izquierdas, que el aborto y la esterilización eran parte de un plan capitalista para matar a los revolucionarios en el vientre de la madre pobre.  Hoy, sus dirigentes...

Un Plan Cóndor 2.0: De los archivos del terror a Peter Thiel y las granjas de bots.

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Hubo una época en que el terrorismo de Estado sudamericano tenía olor a pólvora y sangre. Los vuelos de la muerte, los interrogatorios bajo picana, los archivos del horror amontonados en un sótano de Paraguay: todo un sistema de coordinación transfronteriza que permitió a las dictaduras del Cono Sur secuestrar, torturar y desaparecer con una eficiencia burocrática y banal malignidad que nada tenían que envidiarle al viejo Eichmann. Aquel Plan Cóndor fue un monumento a la crueldad organizada, una red de inteligencia que convirtió a la región en un territorio sin ley donde la muerte viajaba de un país a otro con la naturalidad de una carta certificada y la impunidad de la diplomacia tiránica. Pero el tiempo, ese gran ironista, ha actualizado el modelo. Ya no se desaparecen cuerpos; se desaparecen verdades. Ya no se tortura con electricidad; se tortura con algoritmos. Y los archivos del terror ya no duermen en cajas de cartón esperando ser descubiertos; viven en servidores remotos, en gra...

La performance punitiva: auctoritas, potestas y el garrote constitucional

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Mi profesor de Derecho Romano, el brillante y prematuramente extinto Aquiles Aliaga, nos remarcaba la distinción fundamental entre auctoritas y potestas. La potestad es el poder legal, coercitivo y formal, vinculado al cargo; la autoridad, en cambio, es el peso moral, el prestigio y la sabiduría reconocida que legitima sin necesidad de imposición. Kast evidencia carencias de esto último: no hay sabiduría en su aversión por los humedales y la ciencia, en sus discusiones amenazantes con un niño, en sus falsas promesas electorales disfrazadas de «metáforas». De esa carencia brota la necesidad de superdotarse de potestades para ejercer por la fuerza aquello que no representa. Los dos ciudadanos detenidos y formalizados por «amenazas a la autoridad» tras comentar en redes sociales son la prueba: el garrote defendiendo a quien- en lo íntimo- se autopercibe como autoridad, pero desborda ego dolido, vanidad que era sostenida por las milicias digitales del tristemente célebre argentino Cerimedo...