viernes, 12 de junio de 2026

Lazarus: El mundo se fue al carajo

El 10 de enero de 2016, cuando el mundo despertó con la noticia de la muerte de David Bowie, no solo se apagó una estrella; se fracturó el último ancla de una modernidad que aún creía en la reinvención, en la ambigüedad estética y en la sofisticación intelectual. Gary Oldman intuyó, con una precisión casi clínica, que con su partida algo se rompió en el tejido de la realidad. Lo que siguió no fue una transición natural hacia el futuro, sino un colapso en cascada hacia la era del cinismo, la superficialidad y un neofascismo que se alimenta de la propia podredumbre del sistema. Sin Bowie, el mundo perdió el espejo que nos obligaba a elevar nuestros estándares; sin él, hemos caído en una espiral donde la política es un show de variedades, la verdad es un dato negociable y la tecnología es un arma de control diseñada por exadolescentes con delirios de grandeza.

Desde aquel día, la política ha dejado de ser el arte de lo posible para convertirse en un ejercicio de entomología grotesca. El ascenso de figuras como Donald Trump, Jair Bolsonaro, José Antonio Kast o Javier Milei no es un accidente, sino la manifestación física de una sociedad que ha sustituido el intelecto por el meme y la gestión del Estado por la performance de bufón. Es una política de la grasa y el resentimiento, donde el debate ha sido reemplazado por el alarido y la trinchera. Esta degradación se traduce en una geopolítica de saqueo a cielo abierto. Donald Trump, ese vendedor de coches usados que ha transformado la política exterior en un negocio de crudo y sangre, encuentra en las élites regionales sus mejores cómplices. La figura de María Corina Machado es el epítome de esta capitulación: una clase política que, en su desesperación por recuperar el poder, se arrastra ante el magnate estadounidense para entregarle los recursos naturales de su nación, agradeciendo el despojo a cambio de una validación externa que huele a vergüenza ajena. Paralelamente, en Oriente Medio, la impunidad se ha vuelto absoluta; Netanyahu bombardea campos de refugiados y hospitales, asesinando niños con la frialdad técnica de quien elimina un error de sistema, mientras el resto del mundo observa a través de un scroll infinito, incapaz de sentir otra cosa que una indiferencia anestesiada.

En este vacío dejado por la vanguardia artística, han emergido los nuevos señores feudales de Silicon Valley, cuya misantropía solo es comparable a su capacidad de destrucción. Peter Thiel, con sus delirios de un cristiano-fascismo tecnocrático, no solo financia la precariedad laboral, sino que predica sobre la llegada de un Anticristo tecnológico, una escatología que justifica su desprecio por la democracia. Mientras tanto, Elon Musk y Jeff Bezos, esos adolescentes tardíos con poder infinito, queman millones en recursos naturales para lanzar cohetes que, con frecuencia, explotan antes de elevarse, en una misión ridícula de colonizar Marte o la Luna mientras destruyen el planeta que habitamos. Es una fanfarronería técnica que esconde una huida de la responsabilidad humana. Esta lógica de mercado ha infiltrado cada poro de la existencia: la "uberización" ha terminado de deshumanizar al trabajador, transformándolo en una unidad de producción precaria, un "socio" de una aplicación que lo explota bajo la promesa ilusoria de la autogestión. Esta mentira se extiende a una juventud seducida por la estafa de los influencers, convencidos de que el éxito es "crear contenido", convertir su vida privada en un flujo incesante de datos para el consumo ajeno. La mercantilización del cuerpo bajo el disfraz del empoderamiento es el síntoma final: las creadoras de OnlyFans son presentadas como empresarias, cuando en realidad no son más que muñecas sexuales de pantalla, piezas de un sistema que ha reducido la intimidad a un producto de suscripción mensual, glorificando la servidumbre bajo el ropaje de la libertad.

La estupidización de la nueva generación es, quizás, el golpe de gracia. Criados y educados con memes, videos de TikTok y una dieta de estímulos breves y vacíos, estos jóvenes han perdido la capacidad de concentración más elemental. Son incapaces de ver una película de más de hora y media, pues el tiempo cinematográfico les resulta insoportable, y la idea de leer un libro les parece un esfuerzo arqueológico, ajeno a su realidad de gratificación instantánea. Han fragmentado su pensamiento en tribus digitales incapaces de sostener un diálogo que no sea una reafirmación de sus propias neurosis. El fútbol, último refugio de la épica popular, ha seguido la misma ruta de asepsia corporativa; la muerte de Maradona cerró el capítulo del jugador rebelde y sucio, siendo sustituido por Lionel Messi, un muñeco de cera diseñado por el marketing global, un embajador de estados autoritarios que sirve para blanquear la reputación de quienes compran el mundo a golpe de chequera, desprovisto del fuego sagrado que caracterizó a su predecesor. No hay nada que salvar en este panorama. La música, otrora el vehículo de la experimentación y la ambigüedad, ha sido reducida a fórmulas comerciales de trap y reggaetón, ritmos predecibles diseñados para un público que ya no sabe cómo aburrirse. El mundo no se fue al carajo por una casualidad; se fue al carajo porque, finalmente, nos hemos convertido en lo que siempre temimos: una sociedad de autómatas que, al quedarse sin espejos, se han quedado sin alma. Observamos, con la distancia clínica de quien contempla una enfermedad terminal, cómo la civilización se desliza, sin elegancia y sin ruido, hacia su propia y merecida irrelevancia. 


jueves, 11 de junio de 2026

La ciencia de la duda: Separando Estado y Creencia

Una entrevista a la Ministra de Medio Ambiente dio lugar a fuertes críticas por limitarse a afirmar que Chile ha tomado la decisión democrática de tener una institucionalidad frente al cambio climático y que hay un compromiso de tener “una meta de alcanzar la carbono neutralidad al 2050”, pero, y de aquí surgió la polémica, sin expresar de forma rotunda y como creencia personal que el cambio climático tiene una causa antropogénica. Se la acusa de “negacionismo climático” por relativizar el fenómeno no obstante el peso del amplio consenso científico que da por establecido que el calentamiento global es culpa del ser humano.


Llama la atención, no la creencia personal de la Ministra (esperable en su signo) sino el absolutismo de la crítica pues se ha centrado  en acusar una supuesta convicción personal de la autoridad que en la misma entrevista reafirmó sin ambages las políticas que el Estado asumió en la agenda del cambio climático. El núcleo de la crítica fue la faz subjetiva de la Ministra, sus creencias personales en torno a las causas del fenómeno climático, pero no se ha puesto en valor el hecho de que pese a sus propias creencias, antepuso - al menos en el discurso - los compromisos estatales y los criterios objetivos y científicos prestablecidos en nuestra institucionalidad ambiental. A determinados actores no les resultó suficiente y parecen exigir que la Ministra de Medio Ambiente debiera abrazar personalmente, aún en su fuero íntimo, una determinada razón o posición ideológica más allá de lo que ella misma exprese y construya a nivel institucional. En síntesis, se le demanda una adhesión espiritual a una posición determinada, si esta ha sido validada por el consenso científico. Es un problema concreto que atraviesa la construcción política progresista actual, derivando en una forma de escrutinio que, bajo la apariencia de una transparencia democrática, oculta una inquietante inclinación hacia la inquisición secular.

Si bien la crítica se ampara esta vez en “la ciencia”, olvidando que precisamente la ciencia, en su acepción más rigurosa, no es un catecismo de verdades reveladas, sino un proceso dialéctico de constante revisión y falsación. Cuando la política exige que un funcionario convierta un paradigma científico en un artículo de fe, está abandonando el terreno de la razón crítica para instalarse en el del dogma. En una democracia madura, el Estado opera como un marco simbólico que exige la suspensión de la subjetividad privada; por lo tanto, es precisamente la capacidad de estas autoridades para subordinar sus creencias personales a la estructura legal lo que garantiza la estabilidad de la institución, y no su supuesta "conversión" a la ideología dominante, aún cuando esta cuente con el más amplio consenso científico.


Esta obsesión por la pureza ideológica encuentra su caldo de cultivo en lo que se ha descrito como una moralización punitiva de la vida pública. El ecologismo, en su vertiente más dogmática, ha dejado de ser una preocupación por la sostenibilidad para transformarse, en palabras de Slavoj Žižek, en un nuevo opio del pueblo que nos impone la culpa antropogénica como una identidad ineludible. Esta dinámica se alimenta de lo que Mark Fisher identificó como una tendencia a convertir el sufrimiento en capital ético, instituyendo regímenes de vigilancia donde el objetivo no es la transformación material de la sociedad, sino la búsqueda de la impureza en el otro para su lapidación pública. Al exigir que el funcionario sea una extensión de sus propias creencias, o que module sus creencias personales a las posiciones adheridas por el Estado, se destruye la pluralidad que el Estado debe contener, transformando la arena política en un confesionario donde se juzga la "huella moral" del individuo.


La verdadera amenaza para la democracia no reside tanto en la convicción privada de quien gobierna, como en la pretensión de que existe una verdad única, ya sea científica o moral, que no pueda ser cuestionada. La madurez política consiste en la capacidad de habitar la contradicción: reconocer que el Estado es un espacio donde el sujeto se suspende para que la ley, aunque imperfecta y provisional, pueda operar. Exigir que los ministros sean seres sin contradicciones es despojar a la política de su humanidad, convirtiéndola en una estructura rígida que terminará por colapsar ante la menor disidencia. Es imperativo rescatar la idea de que la democracia es, por definición, el espacio del conflicto y del desacuerdo, y que un funcionario que admite su escisión interna pero que la subordina a la institucionalidad es, en última instancia, un garante más fiable del orden público que aquel que pretende que su ideología es la única naturaleza posible del sentido común. Ahora, si se cruza algún límite trasladando creencias personales a políticas institucionales, será cuando realmente urja, no solo la crítica, sino la defensa efectiva de nuestros compromisos como nación.

viernes, 12 de julio de 2024

La Bodega


Ahora siento que solo soy feliz 

cuando estoy en la bodega.


En la bodega no hay gritos.

En la bodega no hay deudas.

En la bodega no hay platos por lavar.

En la bodega no hay señal de nada.


En la bodega - si no me interrumpen los enanos ni BlancaNieves - solo estoy yo.

Yo y mis libros

Yo y mis planes grandiosos

Yo y mis conspiraciones secretas.

Acompañado únicamente por

Mis historietas por encuadernar

Mis juguetes de colección

Mis primeras canciones de amor,

escritas con un bolígrafo en viejas hojas de cuadernos moribundas.


En la bodega solo soy yo contra el desorden

Contra las ropas viejas y excesivas que alguien acumuló

Soy yo contra papeles inútiles, carpetas, zapatos pisoteados, 

Soy el eterno yo soy, 

el exterminador implacable de utensilios

sin utilidad.


Y entonces yo los boto

Los elimino en bolsas negras como cadáveres anónimos y que desaparezco a espaldas de mi mujer.


En la bodega solo existo yo.

Soy el amo absoluto

Me abro paso entre cajas y telas y arañas muertas

Y decido sobre toda existencia

Mientras leo primeros capítulos de libros que tal vez nunca leeré completos, sin que nadie me vaya preguntando si ya los leí.


Porque en la bodega soy el soberano

Porque en la bodega no hay horarios 

ni jefaturas 

ni Ministerios.


En la bodega no hay notarios, fiscalizadores, impuestos, contribuciones, diezmos, dioses, feministas, sacerdotes, diagnósticos.


Porque la bodega es el último paraíso 

que me fue dejando esta frontera.

viernes, 1 de marzo de 2019

Muertos Ejemplares

Conocí a un muerto impecable.

Era delgado, pálido y sobrio

No diré elegante

Aunque usaba un traje de agotadora formalidad.

Me sorprendió, eso sí

la calidad de su piel.

Casi no llevaba arrugas en el rostro,

más que aquellas:

las estrictamente necesarias,

esas que invariablemente obsequian 

los años,

canje material y deriva 

de un mínimo de sonrisas de cortesía, disgustos comerciales, añejos llantos de la infancia o la desesperanza de alguna pasión resignada,

y tirada por los balcones

del olvido.

Tampoco tenía cicatrices, 

No le ardieron quemaduras 

ni incurrió en esas coloridas autolesiones que se conocen como tatuajes.

Canas tenía, 

pero no por ganas ni padecimientos 

una afección cardíaca era la causa

la misma que lo entregó a Caronte

dejando en vida una viuda y tres hijos, cada uno con sus respectivos tablets,

dos bienes raíces y una SUV,

fondos de pensiones y ahorros moderados, una máquina de ejercicios donde yacen colgadas sus corbatas 

y un prontuario policial impecable, irreprochablemente níveo.

Una pequeña cava de vinos sin descorchar junto a una máquina de mantenimiento de descorchados, a medio servir.

No tenía colecciones de nada, pero si suscripciones a un diario que nunca leía mas que sus titulares.

Veía fútbol los domingos por la televisión, pero sin fanatismo, sin religiones y sin ideas políticas que le inquietaran. 

No plantó arboles, pero escribió todos los días en sus libros de contabilidad, 

Y eso también cuenta no?

Hizo algunos viajes,

en paquete turístico y vuelo charter (con los seguros respectivos y las vacunas correspondientes).

Nadie escribió un obituario, 

pero en su oficina se dio cuenta del sensible fallecimiento 

a través de un Memo circular que generó algunos movimientos de cejas.

En su lápida, 

un modesto minimalismo, 

nombre, 

cruz,

y fechas 

que luego, 

antes que los gusanos despierten desde su carne muerta,

serían olvidadas, 

como se olvidan las huellas en la arena,

como se olvida a los deudores puntuales, las gentes sin vicios, los polvos sin clímax, las tetas chicas y los culos flacos.

Como se olvida al que no incordia, no ladra, ni muerde, que no llora, ni canta, ni se emborracha, ni apuesta.

Como se olvida al que come pizza con cubiertos y que no agarra con la mano las costillas grasientas del puerco al horno.

Como se olvida a esa raza de gentes abundantes, ejemplares y concisas, 

esa que nace, 

crece, 

se desarrolla 

y muere

en el exacto momento 

en que son paridos.


domingo, 24 de febrero de 2019

Venezuela para fans de Star Wars

Hace mucho, mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana. Así comienza la épica obra de George Lucas, una epopeya de ciencia ficción que no ha hecho más que replicar, en formato cinematográfico y con efectos especiales, el viejo guión del paso de las Repúblicas soberanas, a caer bajo el alero de las tiranías imperiales.

La caída de la República Galáctica no es más que un tributo que George Lucas realiza a la caída de la República de Weimar, intercalando guiños con la antigua República romana. El guión, repito, no es nada nuevo. El canciller Palpatine, por ejemplo, juega el rol de Hitler. Al igual que el alemán, Palpatine se mostrará como un personaje éticamente confuso que busca plantearse como un salvador de la democracia amenazada, de principio a fin, manipulando como un lobo con piel de cordero. Para ello, primero planteará obtener plenos poderes que le permitan actuar contundentemente contra los enemigos de la República Galáctica, los “separatistas marxistas comunistas”. Algo que finalmente logrará con el cándido apoyo de la senadora Amidala quien, a través del insoportable Jar Jar Binks, propondrá al parlamento galáctico entregarle amplios poderes especiales al canciller.

No obstante, para que ello prosperase, al igual que en el caso alemán, la inestabilidad política, la confusión, la noción de que hay un enemigo que precariza y oprime, resultó ser una condición sine qua non. Así como no se puede entender la autoproclamación de Guaydó sin un caos “humanitario” que lo justificase, no se puede entender el alzamiento de los nazis en el poder sin la violencia desatada durante el Periodo de Entreguerras, una que ellos mismos alentaron, el odio al extranjero, el traslado de la culpa de la crisis económica al comerciante judío, el sentido de Unidad Nacional contra las medidas (bastante leoninas) impuestas tras la derrota en la Primera Guerra. El descrédito del sistema servirá siempre de excusa para alzarse como salvadores. Es el recurso de la desconfianza ese “son todos los políticos corruptos”, o en el caso del joven Padawan Skywalker cuando plantea que “el sistema no funciona”, y que a los políticos “habría que obligarlos a ponerse de acuerdo”.

En las denominadas Guerras de los Clones, la Federación de Comercio lideraba una coalición de sistemas planetarios que se oponían a la democracia republicana. Esta amenaza sirvió para que el maestro jedi Sifo-Dyas encargara  la formación de un ejército que defendiera los intereses de la República.

Si vamos más cerca, Nicolás Maduro y su continuidad como heredero del bolivarianismo que “mata de hambre” y destruye la economía de Venezuela con una doctrina anti establishment, sería el arquetipo perfecto de enemigo a la manera de la Confederación de Comercio de Star Wars.

El maestro acabó siendo asesinado por los sith como parte del plan. De esa manera, Palpatine accedió al poder con un ejército poderoso capaz de imponer el supuesto orden que necesitaba la República frente a los separatistas. La Orden Jedi (protectores de la República), incapaz de ver el engaño, colaboró en la represión de los diferentes sistemas galácticos, tal y como gran parte de los partidos de izquierda tradicionales han condenado a Maduro calificándolo de “dictador” y “violador de los DDHH”, abriendo el paso para una necesaria “intervención humanitaria”. Como no quiera el destino ocurra con la izquierda latinoamericana, ninguno de los Jedi cayeron en la cuenta que, al tiempo, serían victimas de su particular Noche de los cuchillos largos, (la serie de asesinatos políticos que realizó el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán para apoderarse de todas las estructuras del Estado alemán, conocida como “Operación Kolibri”), mediante la escalofriante y previamente programada Orden 66, con la que Palpatine logró acabar con casi todos los jedis, salvo algunas excepciones como Obi-Wan y Yoda. Esta purga fue representada por Palpatine como un golpe de estado de la Orden Jedi contra la República, logrando el apoyo del Senado para proclamar el Imperio Galáctico y decretar la muerte de la democracia republicana.

El lado oscuro todo lo había nublado y solo se vendrá a descubrir al Lord Sith y sus maniobras cuando ya se hizo demasiado tarde.

La historia nos enseña lo mismo, a través de las operaciones de falsa bandera, de la amenaza terrorista, del polvo de Antrax que alguna vez exhibió Powell ante la Onu para justificar la invasión a Irak; la matanza de Bolonia en Italia para impedir la llegada de los comunistas al poder durante la guerra fría; o la recientemente recordada por Roger Waters “Explosión del Maine” en Cuba, entre tantas otras, torres gemelas y Bin Laden incluidas. 

Un claro ejemplo de lo anterior lo hayamos en la alemania Nazi, la noche del 27 de febrero de 1933, se produjo un incendio en el edificio del Reichstag, sede del Parlamento alemán. Al llegar al lugar, la policía arrestó a un joven comunista desempleado de origen holandés, Marinus van der Lubbe.

Al día siguiente, bajo presión del Partido Nazi del recién designado canciller Adolf Hitler, se aprobó el Decreto del incendio del Reichstag, que dejaba sin efecto diversas libertades y derechos civiles que estaban consagrados en la Constitución del país. Por toda Alemania se iniciará una verdadera cacería de comunistas y sus simpatizantes.

Tras poner a todos los diputados del Partido Comunista de Alemania entre rejas, el Parlamento del país queda en manos de los nazis. Estos aprueban la Ley habilitante de 1933, que otorgaba al canciller y su gabinete el derecho de aprobar leyes sin la participación del Parlamento, lo que supuso el fin de la democracia en Alemania y el inicio de la dictadura de Adolf Hitler.

El 24 de marzo de 1933 los miembros del Reichstag certificaron, por mayoría absoluta, la muerte de la democracia alemana. Su final no fue abrupto ni ocurrió por la voluntad de la fortuna, sino que fue un proceso previamente planificado. La Ley Habilitante otorgaba plenos poderes al gobierno, sobreponiéndose a la ya nula soberanía del parlamento alemán. De esta manera, se culminaba la conjuración de los nazis contra la República de Weimar, la cual pasaba a convertirse en el latifundio personal de Adolf Hitler y sus seguidores.

Luego, para iniciar la Segunda Guerra Mundial, bastaría una vez más que el genio de la propaganda nazi, Joseph Göebbels, ideara una estrategia que justificase la invasión a Polonia. Meses antes de la invasión que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial, la prensa y clase política alemana, incluido Adolf Hitler, acusaron a las autoridades polacas de organizar o tolerar campañas de limpieza étnica contra alemanes residentes en Polonia. La cereza del pastel sería el incidente de Gliwice, otra operación de bandera falsa que implicaba aparentar un atentado polaco contra la estación radiofónica Sender Gleiwitz, efectuado realmente por miembros de las SS de Himmler para difundir un mensaje en que se animaba a la minoría polaca de Silesia a tomar las armas contra Adolf Hitler. Como "prueba" del ataque, los nazis asesinaron y vistieron con uniformes polacos a algunos prisioneros del campo de concentración de Dachau.

Este pretexto de la propaganda nazi fue inútil, ya que ni Francia ni el Reino Unido lo aceptaron como válido, declarando la guerra a Alemania tras la invasión de Polonia de 1939, dando así comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

A Hitler no le importó lo poco creíble de su puesta en escena, así como a Trump no le importa que su “ayuda humanitaria” después de bloquear económicamente a Venezuela, pueda parecer como ridícula, artificiosa e hipócrita. Una semana antes, el Führer había adelantado a sus generales, la que será una de las máximas del totalitarismo fachista y un adelanto de lo que hoy conocemos como “fake news”:

“Proporcionaré un motivo de guerra propagandístico. La credibilidad no tiene importancia. Al vencedor no se le cuestiona la verdad.”

Con Venezuela, la historia de esa galaxia muy muy lejana se repite una vez más, como ya ocurrió en Chile, en lo que Naomi Klein ha designado como la “doctrina del schock” para imponer un nuevo orden Neo Liberal y privatizar los recursos naturales de un país que perderá su soberanía en base a engaños que permitirán a los intereses privados del invasor para saquear a ese Estado. 

La fórmula sigue el mismo guión de George Lucas. Primero creas un caos y confusión social, aplicas bloqueos económicos que asfixian la economía local en áreas sensibles como el abastecimiento de alimentos y medicinas.

Un interesante artículo de Celag expone de manera clara este escándalo del que poco se habla:

“Al igual que ha ocurrido por décadas con Cuba, se juzga y critica el proceso político y la situación venezolana como si no existiera esa tremenda variable. No es novedad que un país cuyo Gobierno intenta hacer una política interior y exterior de manera independiente y que, además, plantea una crítica al sistema capitalista sea bloqueado brutalmente. Le ocurre a Cuba desde hace mas de 50 años. Le ocurrió al Gobierno de Salvador Allende quien, desde el inicio de su mandato, tuvo que lidiar con un bloqueo económico internacional que impulsó el congelamiento de las ventas del cobre en el exterior. De hecho, en su discurso de diciembre de 1972 ante las Naciones Unidas, Allende denunció “el bloqueo financiero y económico ejercido por los Estados Unidos”. Lo mismo hizo este año el presidente Maduro en las 73a Asamblea General de las Naciones Unidas.

La estrategia es la misma: bloquear política y económicamente a los países disidentes (o sea, soberanos) y ocultar mediáticamente el bloqueo, así como sus consecuencias, ante la opinión publica mundial. Le ha pasado a Cuba, le ocurrió a Chile y le sucede a Venezuela.

Sin embargo, en cada caso el bloqueo adquiere expresiones y modalidades particulares. Para el caso de Venezuela podemos distinguir cuatro: 1) bloqueo a través de decretos extraterritoriales, 2) bloqueo a través de intermediarios, 3) bloqueo mediante agencias de calificación de riesgo y, 4) bloqueo informativo impulsado por las corporaciones mediáticas.

La primera modalidad se formalizó el 9 de marzo de 2015, cuando Barack Obama firmó un decreto ejecutivo que declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria”. Literalmente, este decreto dice: “Por medio de la presente, informo que he emitido una Orden Ejecutiva declarando una emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos representada por la situación en Venezuela”. Esa orden ejecutiva se ha ido extendiendo en el tiempo y ampliando en sus efectos. En mayo de 2018, Donald Trump, en respuesta a la insolencia chavista de convocar (una vez más) a elecciones, decretó sanciones del Departamento del Tesoro para prohibir la compra, por parte de ciudadanos estadounidenses, de cualquier deuda del Gobierno de Venezuela, incluidas las cuentas por cobrar. Estas sanciones incluyen al Banco Central y a la estatal petrolera PDVSA. Al día de hoy, Venezuela no puede hacer uso del Dólar como moneda internacional, ni puede negociar ninguna transacción internacional a través de dicha divisa. Esto implica la imposibilidad de negociar la deuda externa, ya que la mayoría de los contratos de deuda pertenecen a jurisdicción estadounidense.

En esa línea, gran parte del sistema financiero internacional ha venido propiciando, en los últimos años, un esquema de bloqueo hacia las operaciones financieras de Venezuela. Se han sucedido cancelaciones unilaterales de contratos de corresponsalía bancaria del Citibank, Comerzbank, Deutsche Bank, etc. Desde julio de 2017, el agente de pago de los bonos emitidos por PDVSA, Delaware, informó que su banco corresponsal (PNC Bank) en Estados Unidos se negaba a recibir fondos provenientes de la estatal petrolera.

La segunda forma, el bloqueo mediante intermediarios, es una expresión propia de estos tiempos. El objetivo es evitar que cualquier intermediario que realiza transacciones con Venezuela las lleve a cabo, impidiendo toda interacción y relacionamiento de Venezuela con empresas de los Estados Unidos. Y no sólo de allí: el Novo Banco (Portugal) notificó en agosto de 2017 la imposibilidad de realizar operaciones en dólares con instituciones públicas venezolanas por bloqueo de intermediarios. Se impide, así, que los intermediarios de pago actúen, bloqueando cualquier acción de pago. Esta modalidad ha tenido consecuencias humanitarias en tanto se han visto afectadas, por ejemplo, las compras de medicamentos y de alimentos.

En 2017, 300 mil dosis de insulina pagadas por el Estado venezolano no llegaron al país porque el Citibank boicoteó la compra de este insumo. El banco estadounidense se negó a recibir los fondos que Venezuela estaba depositando para pagar la importación de este inmenso cargamento, necesario para los pacientes con diabetes. En consecuencia, la insulina quedó paralizada en un puerto internacional, a pesar de que existían los recursos para adquirir el medicamento. A eso se suma que el laboratorio colombiano BSN Medical impidió la llegada de un cargamento de Primaquina, medicina usada para tratar la malaria. Un total de 23 operaciones en el sistema financiero internacional fueron devueltas (entre ellas 39 millones de dólares para alimentos, insumos básicos y medicamentos). Finalmente, desde noviembre del año pasado, 1.650 millones de dólares de Venezuela destinados a la compra de alimentos y medicinas están secuestrados por parte de la empresa de servicios financieros Euroclear, en cumplimiento de las sanciones del Departamento del Tesoro de EE. UU.

El bloqueo de intermediarios no sólo apunta a las operaciones financieras. También afecta la movilidad de los venezolanos en los más diversos ámbitos. Desde 2014 se han ido de Venezuela Air Canada, Tiara Air, Alitalia, Gol, Lufthansa, Latam Airlines Aero México, United Airlines, Avianca, Delta Airlines, Aerolíneas Argentinas, etc. Es cada vez mas difícil llegar por aire a Venezuela.

También las agencias de viaje se unen al cerco.

También se bloquea las expresiones culturales: a principios de año, el banco italiano Intensa Sanpaolo bloqueó los recursos para la participación del pabellón de Venezuela en la XVI Bienal de Arquitectura de Venecia.

Y no sólo vemos trabas para que manifestaciones culturales y deportivas venezolanas salgan al exterior y representen a sus país, puesto que el boicot también opera a la inversa: artistas y deportistas de otros países se niegan a ir a Venezuela y, con desparpajo, hablan acerca del Gobierno venezolano y del chavismo. Tal vez Miguel Bosé y Jaime Bayly son los ejemplos más esperpénticos en ese sentido.

La tercera modalidad se expresa a través de la arbitraria e injusta calificación de riesgo que hacen las agencias. El riesgo país (RP) otorgado por las agencias de calificación es improcedente si observamos el cumplimiento de Venezuela con el pago de la deuda externa. En los últimos 4 años la República ha honrado sus compromisos de pago por un total de 73.359 millones de dólares. No obstante, el RP ha seguido subiendo. Como denuncia el economista Alfredo Serrano, “van 32 meses en los últimos 14 años en los que el RP contra Venezuela ha subido, a pesar del incremento del precio del petróleo. En la actualidad, el RP, dado por JP Morgan (EMBI +), se encuentra en 4.820 puntos, es decir, 38 veces más de lo que le asignan a Chile, aun cuando este país tiene una ratio de deuda/PIB similar al venezolano. Todo esto encarece y prácticamente impide cualquier posibilidad de obtención de créditos.

Como segundo paso siembras el terror creando artificialmente un estado de colapso y temor ciudadano, (como el Plan Zeta en Chile, o las masivas violaciones a DDHH que se informan durante meses se supone ocurren y ocurrirían en Venezuela), y finalmente tienes el camino pavimentado para justificar una intervención militar en nombre de la democracia, los derechos humanos, la paz o lo que sea.

Después de eso, el imperio colocará a sus títeres al mando, Pinochet en Chile, Guaidó en Venezuela, al-Sisi en Egipto, ninguno a la altura poética del manipulado Anakyn Skywalker que se convertirá en ese conflictuado Lord Vader, pero que tributarán al imperio con idéntica genuflexión para entregar la soberanía de los pueblos y especialmente sus recursos naturales. Finalmente, “poderoso caballero don dinero es”, nos diría el maestro Yoda, quien nos advirtió que el lado oscuro no es más fuerte, pero es el camino rápido, el camino más fácil y el más seductor. Sino pregúntenle a Piñera.


Que la fuerza nos acompañe.



domingo, 8 de julio de 2018

Los nuevos eunucos

Popularmente conocidos como la tribu de los “PorSiLaPongo”, los hombres que apoyan y simpatizan con el feminismo de la tercera ola, parecen vivir en una tierra de nadie. Porque si bien aquellos que apoyamos el campo de la igualdad entre hombres y mujeres no logramos digerir a plenitud los planteamientos del feminismo más purista que este oleaje propone, y nos sentimos muchas veces, como una suerte de Al Bundy en un episodio de Futurama, los porsilaponguistas viven su propio drama tratando de acoplarse, de machihembrar en un movimiento que quiéranlo o no, los observará siempre con recelo, bajo continua sospecha de ganancia secundaria, porque este feminismo no le pertenece a los hombres, no al menos en la fisonomía y en la perspectiva de un feminismo de género, reivindicativo frente al abuso patriarcal, como el que se observa desde la irrupción del #MeToo y otras consignas que han generalizado sobre una específica sexualidad masculina bastante monstruosa. 

Así las cosas y pese a las procesiones, los juramentos, el público sapporo que realizan con fervor, estos hombrecitos, los porsilapongo, no logran cuajar en el feminismo y son vistos, de otra parte, desde la vereda conservadora más primitiva obviamente, como unos patéticos remedos de hombre que por más que se esfuercen, por más que renieguen de su macho interno, aunque abjuren del patriarcado y sus abusos, aunque se sumen feroces a la gestapo de las redes sociales apuntando a cuanto machista se les cruce, el movimiento feminista seguirá observándolos como una herramienta de juguete, una que se utiliza con cierta condescendencia y con el natural desprecio que subyace hacia aquellos que se han desclasado, desnaturalizado o en su caso, desgenerado.

Es lamentable verlos de rodillas, pidiendo perdón por sus machismos antiguos (si un lustro puede considerarse “antigüedad”), esperando permanecer aceptados. Los espectáculos más lamentables los han brindado aquellos que parecían más comprometidos, que llegaron a sumarse a la puritana inquisición contra el macho abusador, obviando inclusive el principio de Inocencia, salvavidas que solo una vez que la ola los ha alcanzado, han vuelto a recordar como un principio básico, necesario y humanitario, que antes le negaban a otros por el solo mérito de la denuncia.

Tal vez la imagen más potente sea la del hombrecito que se fue a pasear desnudo a una marcha con un cartel expresando que pese a estar rodeado de mujeres y desnudo, no sentía miedo, claro, eso hasta que una expolola lo “echó al agua” recordándole episodios de violencia y pensiones de alimentos impagas. Otro tanto se anotó el “cantante” Me Llamo Sebastián, porsilaponguista eximio, que terminó anunciando que se iba del país tras las denuncias de violencia machista en su contra. Nicolás López, el ex gordo director de cine adolescente, había anunciado hasta una película sobre el MeToo antes de que se lo faenaran sus propias actrices. Luego vino el turno de Baradit y Ortega, feministas declarados en cada foro, que en vez de defender su derecho a la libre expresión en sus escritos y performances, optaron por un harakiri sangrante, pidiéndole perdón a medio mundo, a petición de la vieja del pelo azul y reconociendo que efectivamente pensaban en clave machista, pedófila y hasta zoofila, PERO que eso era antes, en el pasado, por allá por los lejanos años del 2011, cuando al parecer en Chile aún estaban permitidas ciertas prácticas que ni el Estado Islámico admitiría hoy. Demás está decir que sus explicaciones han sido sido para los reaccionarios, un manjar más excelso que la eliminación de Sampaoli del Mundial en el paladar del Bichi Borghi. 

Mención aparte merecen los estudiantes de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile, que en un paroxismo porsilaponguista, ya han perdido hasta el derecho a voto en la mantención de la toma de su escuela.

Es el problema de perder las bolas, a veces, cuando dejas que te las corten, también te quitan la capacidad de observar la realidad de manera crítica e independiente y te conviertes en algo peor que un zombie fanatizado, te conviertes en un eunuco intelectual.







jueves, 4 de enero de 2018

Aquí

Algunos 
No deberíamos estar aquí 
Pero aquí seguimos 
Tan campantes y
Saludables
como un lastre de estrellas ruinosas.

Nos mantienen 
a fuerza de pastillas 
blancas, rojas, 
azules y verdes.
Nos paralizan,
Entre hipotecas,
Con farmacias
Y planes de jubilación 
Y comerciales
Y extensiones de créditos.

Nos refriegan la esperanza en la cara
Entre gentes perfumadas, bien afeitadas,
 adornadas de blancos papeles judiciales 
y corazones tan sanos
Como relojes sin usar.

Y ustedes?
Como lo hacen? Como lo soportan?
Cual es el secreto de su insanable sobrevivencia crónica?
Cómo es que no se mueren desangrados?

Nos mantienen a fuerza de costumbre
A latigazos simples
con la fusta 
de lo cotidiano
Lo crónico
Lo terrenal.

Y nos extorsionan también 
Con niños inocentes que nos necesitan 
sin pedir todo a cambio
Un pedacito de tiempo
Nada más un chocolatín
Un cuento espeluznante
Un abrazo.

Algunos 
No deberíamos
 ya
Estar aquí 

Qué hacemos con nuestras maletas
Si ya nos quitaron 
El biberón 
Las tetas 
El botellón y la petaca 
la alegría falsa
Y por qué 
Por qué 
Por qué todo parece un gran desierto de dunas
En blanco y negro y pegajoso
Algunas mañanas?

Algunos
No deberíamos estar aquí
Algunos.