De tolerantes a odiadores
Escuchar a un diputado vociferar contra “la ideología del cambio climático” o a un presidente de la república tomarla contra los humedales, el ciclo del agua, la ranita de Darwin o la investigación científica, parece distópico. Resulta un insulto a la inteligencia acumulada por nuestra especie, que en pleno siglo XXI —mientras sondas espaciales fotografían los confines del sistema solar y la edición genética nos permite asomarnos al código fuente de la vida—, nos veamos obligados a debatir con individuos que sostienen que la Tierra es plana, que el cambio climático es una invención, o que los derechos humanos son una "ideología" de diseño. Estamos rodeados por una legión que niega la ciencia, que desconfía de las vacunas como si fueran hechizos de brujería, que detesta la filosofía por su insoportable complejidad y que, en su patética búsqueda de sentido, ha decidido que el migrante, la mujer, el neurodivergente, el trans, o el negro haitiano son la causa de sus propias miser...