Enjoy lo votado, desclasados.
Hay una frase que circula por las redes como un cuchillo de cocina: «disfrute lo votado». Es la respuesta perfecta, el gesto de un poder que ya no necesita disimular su desprecio. Pero lo que parece una burla es, en realidad, una confesión. Porque ningún pueblo vota contra sus propios intereses sin haber sido empujado a ello. Y el empujón, en este caso pluricausal, creo, requiere un análisis también de uno de esos factores: la izquierda progresista, esa clase media ilustrada que confundió la redención del proletariado con la gestión de culpas propias y ajenas. Durante décadas, la izquierda sudamericana fue el refugio de los que no tenían voz. Eduardo Galeano, por ejemplo, era una voz que extremó su postura al punto de plantear algo que hoy sacaría aplausos desde la derecha judeocristiana y ronchas en el feminismo de izquierdas, que el aborto y la esterilización eran parte de un plan capitalista para matar a los revolucionarios en el vientre de la madre pobre. Hoy, sus dirigentes...