Muertos Ejemplares
Conocí a un muerto impecable. Era delgado, pálido y sobrio No diré elegante Aunque usaba un traje de agotadora formalidad. Me sorprendió, eso sí la calidad de su piel. Casi no llevaba arrugas en el rostro, más que aquellas: las estrictamente necesarias, esas que invariablemente obsequian los años, canje material y deriva de un mínimo de sonrisas de cortesía, disgustos comerciales, añejos llantos de la infancia o la desesperanza de alguna pasión resignada, y tirada por los balcones del olvido. Tampoco tenía cicatrices, No le ardieron quemaduras ni incurrió en esas coloridas autolesiones que se conocen como tatuajes. Canas tenía, pero no por ganas ni padecimientos una afección cardíaca era la causa la misma que lo entregó a Caronte dejando en vida una viuda y tres hijos, cada uno con sus respectivos tablets, dos bienes raíces y una SUV, fondos de pensiones y ahorros moderados, una máquina de ejercicios donde yacen colgadas sus co...