El Festival que traga
Cuando Charly García visitó la Quinta Vergara, yo estuve ahí. Pidió caminar sobre pétalos de rosa, ingresó al escenario en silla de ruedas y una vez allí se despachó un irónico “esto es rock, aprende Chile”. Consultado tras bambalinas sobre qué le parecía el festival internacional de la canción de Viña del Mar, el anciano fue bastante conciso: “bastante kitsh”. No soy de los que plantean que el festival (del mal gusto y el estruendo chabacano, que es y siempre ha sido el espectáculo de la quinta), es una expresión de no se qué tipo de desgracias reaccionarias con que los pseudo-intelectuales se masturban. En un país tan castrado como este, sin carnavales y más farmacias y botillerías que teatros y librerías, soy de la opinión que mientras más festivales basura, chabacanos y horrorosos, mucho mejor. Ojalá además fueran gratuitos y al aire libre (en eso el Municipio de Viña tiene una tremenda deuda con su gente, pues con la sola recaudación por vía televisiva las entradas debieran ser li...