Larvas
De alguna manera la vida siempre termina ganando la batalla, aún de la manera más asquerosa. Hoy regresé a mi departamento de soltero tras dejar restos de pescado en un basurero y una olla con un delicioso caldillo de pejeperro que preparé con las cabezas del feo animalejo de las profundidades. La señora que me haría el aseo no fue a cumplir su labor y ni siquiera puedo despedirla porque no tiene contrato. El resultado, un olor nauseabundo me esperaba tan solo cruzar el umbral de la puerta. El aroma de la muerte tras varios días, da igual el animal, es siempre el mismo. Lo sé porque he olido perros y gatos muertos y también hombres muertos. Al cabo de unos cuatro días de descomposición, la diferencia no es mucha. Se distingue inmediatamente y provoca una arcada profunda. Debe ser un reflejo primitivo de alerta para no infectarse con las bacterias del muerto porque el rechazo es inevitable. Puse manos a la obra y volví a recordar el valor que tienen las personas que limpian. Empleos dur...