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Sobreviviendo

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Voy rumbo al aeropuerto, con La Beriso y Victor Heredia en mis tímpanos adelantando mi arribo a la Argentina, destino entrañable, cuna de mis afectos artísticos al ritmo del tango, los Cadillacs, Calamaro, León, $NM, las gambetas maradonianas sobre el acantilado en que Alfonsina se echó a volar atentos los ojos de Rodrigo Fresán en un cuadrilátero frente a frente con Soriano, y a sus plantas rendido un Sábato por único testigo del universo gaucho de un jugoso corte mar del plata, en tardes de mate amargo y desayuno de café con medialunas y dulce de leche, mirando por la ventana de un hotel Savoy, o por Corrientes, el corazón platinado de las muñecas del hermano Zambayonny, antes de mi subida en Retiro, cual Best Seller aventurero que emprende rumbo a la tierra de su padre, entonces para soslayar la pena del beso en la mejilla de mi Bambino fanático de los Guasones, arrojo estas letras de cross check y reportar. Me hará bien salir un rato. Después de tanto escándalo de políticos con las...

Consejos para recibir bendiciones

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Deje propina. De limosna, aun a los borrachines. No se haga el huevón con los audífonos en el transporte público. No se haga el dormido. Mire a su alrededor: SIEMPRE hay alguien más viejo, más cansado, más cargado, más tullido, más desafortunado, más feo o más embarazado que usted. Ceda el asiento. No ande juzgando a todo el mundo, usted no es ninguna maravilla. Sea indulgente. Párese a escuchar a los evangélicos en la calle alguna vez, les alegrará el día. Converse con los mormones e invíteles un pan con mantequilla (son jóvenes, siempre tienen hambre). No de consejos si no se los piden. Cada uno es responsable de su propia vida. Si le piden plata prestada, diga si o no simplemente, pero no de consejos. No sea plasta. No hable en el idioma de su profesión si hay gente que no es colega suyo. No lo van a admirar. Tener un título profesional no es la gran cosa. Comprenda, si no arriesgó su vida para salvar desinteresadamente a otro, no lo van a admirar por un cartón. No sea pendejo. Devu...

Sala Común

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“ Este no es el pensionado, o la clínica a la que usted estará acostumbrado, Señor. Parece que aun no se da cuenta que esto es … la Sala Común .” – me soltó la enfermera en Jefe, escupiendo en mi cara una verdad que resultaba evidente: " Estamos en un Hospital Pú blico, acostúmbrese, dele gracias a dios porque admitimos a su señora, y déjenos hacer nuestro maldito trabajo antes de que lo corramos a patadas con los guardias .” Podía tratarse de una pesadilla, pero no, esto era real y me estaba pasando a mí. Karma, pensé inmediatamente, maldito karma. Como también trabajaba en un servicio público, un extraño remordimiento me atacó la cabeza y pensé en que algo debí hacer mal con alguno de mis usuarios, por lo que ahora me tocaba pagar en este purgatorio que era la mortífera sala común del Hospital de Copiarock. Me sentí solo en el mundo, entregando a mi novia a las manos de esta gente sin corazón, técnica, ni compasión. El destino nos había arrastrado caprichosamente hasta es...