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Taller literario parte 3. Recuerdos de fútbol.

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La última sesión ha sido la mejor por lejos. Al menos desde mi perspectiva. Pese a haber tenido un día enormemente  espeso y llegar con mi disfraz de abogado a la sesión, lo suficientemente cansado como para haber desistido por ese día de mi tarea, recordé que esto es parte de mi entrenamiento, del oficio de escritor que me propongo. Debía asumirlo con la misma tenacidad que las historietas me enseñaron en viñetas de Dennys O'Neill, a un Bruce Wayne en el Himalaya aprendiendo los secretos de la inmortal Liga de las Sombras. No podía incurrir nuevamente en mi más viejo y recurrente hábito, ese con el que mi padre solía recriminarme los domingos del Señor: "solo proyectos, siempre dejando todo a medio hacer". Me armé de paciencia y de suficiente cafeína en una cafetería cercana al Monte Sacramental donde el maestro, al son de campanadas episcopales, imparte sabiduría en lienzos descritos, y me sumé al grupo que ya contaba con una nueva baja. La primera fue la de un tipo al ...

Taller literario 2. Mecánica de los pequeños rencores.

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Nunca lo había imaginado, pero resulta que soy bastante rencoroso. Estaba leyendo el penúltimo libro del reconocido escritor que dirige el taller bajo el resguardo del cuadro de un perro sombrío, y ya no lo disfruté más que para analizar los yerros en su escritura basándome en sus propios consejos, advertencias y ademanes lingüísticos con que vapuleó a mis vampiros de pueblo. ¿Así que era demasiado inverosímil la aparición de un chupacabras? Pues a mí como abogado me parece bastante inverosímil que un juez "de instrucción" (nótese que pongo comillas), cite a un testigo a su despacho sin la presencia de un abogado para deslizar una teoría que puede inculparlo de un crimen, de la que no quedará ningún registro en el expediente.  Tras el asesinato de un perro aparecieron unos PDI en la casa de los dueños para informar que se estaba frente a un delito. ¿En serio? ¿Acaso era el perro de Luksic? ¿Era Laika la perra que viajo al espacio? Porque francamente me parece mucho más invero...

Mi primera Lectura en un Taller Literario

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Estoy asistiendo al taller literario de un importante y reconocido escritor nacional. Un hombre a quien admiro con el mismo respeto que siento por los plomeros y electricistas eficientes y honestos, pues poseen técnicas que me resultan desconocidas y fascinantes como si de un sacerdocio se tratase. El escritor en cuestión, posee la innegable capacidad de sembrar imágenes mientras va relatando una historia, y además sus novelas tienen la cada vez más rara virtud de soportar muy bien el paso del tiempo. Anoche me correspondió afrontar el ignominioso momento de leer en voz alta un texto de mi propia hechura, al calor de una estufa que mezclada con el humo del cigarrillo del dueño de casa, contrastaba con la sensación de encontrarme desnudo en la cordillera en pleno invierno, exponiendo mis genitales a la comparación con un grupo de actores pornográficos.    El texto que escogí era uno sobre termoeléctricas y contaminación en un pueblo pequeño, mezclado todo en una juguera co...

Las profecías de Pablo Longueira

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 A mí la UDI me da miedo. En serio. Cuando alguien de la UDI aparece con la más absoluta certeza alegando inocencias, reivindicando su honor y planteando dudas sobre lo que todos pensamos es una certeza, entonces hay algo que no logra encajar del todo. Especialmente cuando quien emite esa defensa, lo manifiesta desde una altura casi profética. Especialmente cuando esa persona es alguien como Pablo Longueira. Cuando escuché a Pablo Longueira vociferando sus apologéticas delictivas, convencido, tranquilo, sobreseguro de cada una de sus palabras, no pensé lo mismo que buena parte del público ha llegado a pensar: "que este tipo es un cara dura de primera"; "este Longueira es un chanta de marca mayor". Yo pensé en que sólo quedaban dos opciones: el tipo era realmente inocente o bien, lo que realmente pensé con escalofríos; este tipo tiene un plan para parecer inocente y reivindicar, en definitiva, su posición, su ego gigante, y de paso arrastrar desde el infierno al simp...

El Festival que traga

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Cuando Charly García visitó la Quinta Vergara, yo estuve ahí. Pidió caminar sobre pétalos de rosa, ingresó al escenario en silla de ruedas y una vez allí se despachó un irónico “esto es rock, aprende Chile”. Consultado tras bambalinas sobre qué le parecía el festival internacional de la canción de Viña del Mar, el anciano fue bastante conciso: “bastante kitsh”. No soy de los que plantean que el festival (del mal gusto y el estruendo chabacano, que es y siempre ha sido el espectáculo de la quinta), es una expresión de no se qué tipo de desgracias reaccionarias con que los pseudo-intelectuales se masturban. En un país tan castrado como este, sin carnavales y más farmacias y botillerías que teatros y librerías, soy de la opinión que mientras más festivales basura, chabacanos y horrorosos, mucho mejor. Ojalá además fueran gratuitos y al aire libre (en eso el Municipio de Viña tiene una tremenda deuda con su gente, pues con la sola recaudación por vía televisiva las entradas debieran ser li...

Tú Muerte

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A ti debieran quemarte al morir, querida y esparcir tus cenizas por el aire. Arrojarte en un volcán, nada dé sepulturas contigo, que a mí no me engañas; yo no te imagino floreciendo pacífica. Yo te veo de vuelta como un huracán, Rugiendo feroz como un terremoto!! Quemando mi tumba con tu lava ardiente!! Fundiéndonos por fin  en un abrazo eterno con nuestras entrañas amarradas  a besos mordidos  en el infierno.

Rutinas desaprendidas

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Despiértame con tu lengua  acariciando mi tierno perineo estrellado.  Tráeme un café cargado, unas tostadas con palta y una medialuna con manjar. Tráeme tus labios. Móntame como una bicicleta infernal Ven a esta montaña rusa de temblores volcánicos. Prepárame la tina, mujer con sales de fruta  y enjaboname la espalda adolorida. No olvides dejar las camisas planchadas junto al periódico, el termo con café y la merienda de mediodía. Lústrame las botas como tanto te gustaba, y lánzame un beso coqueto desde la puerta, que extraño darte las gracias, qué extraño no haberte extrañado.