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Lazarus: El mundo se fue al carajo

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El 10 de enero de 2016, cuando el mundo despertó con la noticia de la muerte de David Bowie, no solo se apagó una estrella; se fracturó el último ancla de una modernidad que aún creía en la reinvención, en la ambigüedad estética y en la sofisticación intelectual. Gary Oldman intuyó, con una precisión casi clínica, que con su partida algo se rompió en el tejido de la realidad. Lo que siguió no fue una transición natural hacia el futuro, sino un colapso en cascada hacia la era del cinismo, la superficialidad y un neofascismo que se alimenta de la propia podredumbre del sistema. Sin Bowie, el mundo perdió el espejo que nos obligaba a elevar nuestros estándares; sin él, hemos caído en una espiral donde la política es un show de variedades, la verdad es un dato negociable y la tecnología es un arma de control diseñada por exadolescentes con delirios de grandeza. Desde aquel día, la política ha dejado de ser el arte de lo posible para convertirse en un ejercicio de entomología grotesca. El a...

La ciencia de la duda: Separando Estado y Creencia

Una entrevista a la Ministra de Medio Ambiente dio lugar a fuertes críticas por limitarse a afirmar que Chile ha tomado la decisión democrática de tener una institucionalidad frente al cambio climático y que hay un compromiso de tener “una meta de alcanzar la carbono neutralidad al 2050”, pero, y de aquí surgió la polémica, sin expresar de forma rotunda y como creencia personal que el cambio climático tiene una causa antropogénica. Se la acusa de “negacionismo climático” por relativizar el fenómeno no obstante el peso del amplio consenso científico que da por establecido que el calentamiento global es culpa del ser humano. Llama la atención, no la creencia personal de la Ministra (esperable en su signo) sino el absolutismo de la crítica pues se ha centrado  en acusar una supuesta convicción personal de la autoridad que en la misma entrevista reafirmó sin ambages las políticas que el Estado asumió en la agenda del cambio climático. El núcleo de la crítica fue la faz subjetiva de l...

La Bodega

Ahora siento que solo soy feliz  cuando estoy en la bodega. En la bodega no hay gritos. En la bodega no hay deudas. En la bodega no hay platos por lavar. En la bodega no hay señal de nada. En la bodega - si no me interrumpen los enanos ni BlancaNieves - solo estoy yo. Yo y mis libros Yo y mis planes grandiosos Yo y mis conspiraciones secretas. Acompañado únicamente por Mis historietas por encuadernar Mis juguetes de colección Mis primeras canciones de amor, escritas con un bolígrafo en viejas hojas de cuadernos moribundas. En la bodega solo soy yo contra el desorden Contra las ropas viejas y excesivas que alguien acumuló Soy yo contra papeles inútiles, carpetas, zapatos pisoteados,  Soy el eterno yo soy,  el exterminador implacable de utensilios sin utilidad. Y entonces yo los boto Los elimino en bolsas negras como cadáveres anónimos y que desaparezco a espaldas de mi mujer. En la bodega solo existo yo. Soy el amo absoluto Me abro paso entre c...

Muertos Ejemplares

Conocí a un muerto impecable. Era delgado, pálido y sobrio No diré elegante Aunque usaba un traje de agotadora formalidad. Me sorprendió, eso sí la calidad de su piel. Casi no llevaba arrugas en el rostro, más que aquellas: las estrictamente necesarias, esas que invariablemente obsequian  los años, canje material y deriva  de un mínimo de sonrisas de cortesía, disgustos comerciales, añejos llantos de la infancia o la desesperanza de alguna pasión resignada, y tirada por los balcones del olvido. Tampoco tenía cicatrices,  No le ardieron quemaduras  ni incurrió en esas coloridas autolesiones que se conocen como tatuajes. Canas tenía,  pero no por ganas ni padecimientos  una afección cardíaca era la causa la misma que lo entregó a Caronte dejando en vida una viuda y tres hijos, cada uno con sus respectivos tablets, dos bienes raíces y una SUV, fondos de pensiones y ahorros moderados, una máquina de ejercicios donde yacen colgadas sus co...

Venezuela para fans de Star Wars

Hace mucho, mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana. Así comienza la épica obra de George Lucas, una epopeya de ciencia ficción que no ha hecho más que replicar, en formato cinematográfico y con efectos especiales, el viejo guión del paso de las Repúblicas soberanas, a caer bajo el alero de las tiranías imperiales. La caída de la República Galáctica no es más que un tributo que George Lucas realiza a la caída de la República de Weimar, intercalando guiños con la antigua República romana . El guión, repito, no es nada nuevo. El canciller Palpatine, por ejemplo, juega el rol de Hitler. Al igual que el alemán, Palpatine se mostrará como un personaje éticamente confuso que busca plantearse como un salvador de la democracia amenazada, de principio a fin, manipulando como un lobo con piel de cordero. Para ello, primero planteará obtener plenos poderes que le permitan actuar contundentemente contra los enemigos de la República Galáctica, los “separatistas marxistas comunistas”. Algo qu...

Los nuevos eunucos

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Popularmente conocidos como la tribu de los “PorSiLaPongo”, los hombres que apoyan y simpatizan con el feminismo de la tercera ola, parecen vivir en una tierra de nadie. Porque si bien aquellos que apoyamos el campo de la igualdad entre hombres y mujeres no logramos digerir a plenitud los planteamientos del feminismo más purista que este oleaje propone, y nos sentimos muchas veces, como una suerte de Al Bundy en un episodio de Futurama, los porsilaponguistas viven su propio drama tratando de acoplarse, de machihembrar en un movimiento que quiéranlo o no, los observará siempre con recelo, bajo continua sospecha de ganancia secundaria, porque este feminismo no le pertenece a los hombres, no al menos en la fisonomía y en la perspectiva de un feminismo de género, reivindicativo frente al abuso patriarcal, como el que se observa desde la irrupción del #MeToo y otras consignas que han generalizado sobre una específica sexualidad masculina bastante monstruosa.  Así las cosas y pese a las...

Aquí

Algunos  No deberíamos estar aquí  Pero aquí seguimos  Tan campantes y Saludables como un lastre de estrellas ruinosas. Nos mantienen  a fuerza de pastillas  blancas, rojas,  azules y verdes. Nos paralizan, Entre hipotecas, Con farmacias Y planes de jubilación  Y comerciales Y extensiones de créditos. Nos refriegan la esperanza en la cara Entre gentes perfumadas, bien afeitadas,  adornadas de blancos papeles judiciales  y corazones tan sanos Como relojes sin usar. Y ustedes? Como lo hacen? Como lo soportan? Cual es el secreto de su insanable sobrevivencia crónica? Cómo es que no se mueren desangrados? Nos mantienen a fuerza de costumbre A latigazos simples con la fusta  de lo cotidiano Lo crónico Lo terrenal. Y nos extorsionan también  Con niños inocentes que nos necesitan  sin pedir todo a cambio Un pedacito de tiempo Nada más un chocolatín Un cuento espeluznante Un abrazo. Algunos  No deberíamos  ya Estar aquí ...